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El logopeda es el especialista que trata todos aquellos problemas, disfunciones o retrasos que se presentan en los campos del habla, del lenguaje, de la voz y de la comunicación.

Para ello, se trabaja desde el campo cognitivo, físico y fisiológico con personas de cualquier edad, sea cual sea la causa funcional, orgánica o adaptativa. De modo que el área de actuación del logopeda se desarrolla desde la población infantil hasta la tercera edad pasando por adolescentes y personas adultas.

En la población infantil, la mayoría de las disfunciones pueden corregirse sin mucha dificultad si se detectan a tiempo y se tratan con el profesional adecuado.

Es en torno a los cinco años cuando se detectan síntomas y evidencias de desajustes o retrasos que necesitan la intervención directa de un especialista para resolverlos.

Algunos de los trastornos asociados al habla pueden estar relacionados con problemas más graves como lesiones auditivas, déficit intelectual o incluso daños cerebrales.

Es importante detectar estos casos porque normalmente requieren supervisiones por parte de otros profesionales de la salud además de la intervención del logopeda.

Sin embargo, la gran  mayoría de casos  son simples trastornos que aparecen durante la adquisición del lenguaje y suelen solucionarse con una intervención transitoria.

Los trastornos más frecuentes por los cuales se suele acudir al logopeda son los siguientes:

  • Retraso en el desarrollo del lenguaje: el niño registra dificultades en la adquisición del lenguaje oral y tiene dificultad para iniciar y mantener conversaciones, relacionar palabras, ampliar el vocabulario o concordar los distintos elementos de una frase. En general, este trastorno tiene una respuesta rápida y efectiva al tratamiento del logopeda.
  • Dislalias: la inmadurez del lenguaje provoca que el niño no articule bien las palabras y distorsione los sonidos antes de los 4 o 5 años. Pero en ocasiones, esta disfunción permanece y afecta a la pronunciación específica de determinados sonidos o fonemas, que en algunos casos se omiten y en otros se sustituyen o se alteran. Es habitual con algunas consonantes como la “r”, “s”, “l” o “k” y en algunas sílabas trabadas (“ple”, “tro”, “fra”) o inversas (“des”, “pas”, “tel”). La intervención requiere un tratamiento con ejercicios constantes para trabajar el fonema afectado.
  • Tartamudez: es un trastorno en la fluidez del habla. Se caracteriza por repeticiones frecuentes o prolongaciones de sílabas o palabras que afectan al ritmo del lenguaje. En muchos casos afecta a niños a partir de los dos años, pero tiende a desaparecer antes de los seis años de forma espontánea, a medida que se consolida el lenguaje. Si a partir de esta edad el problema continúa, es necesario intervenir con el especialista.
  • Trastornos de la voz: el más frecuente entre los niños es la disfonía, que consiste en una alteración significativa en el timbre, tono o intensidad de la voz. En ocasiones, se debe a una lesión orgánica (una inflamación o una quemadura) y se resuelve cuando se supera, pero en otros casos el origen es un mal uso de la voz por exceso de gritos o por falta de tensión muscular, entre otros motivos.

Es importante no dejar de prestar atención a cualquiera de los síntomas anteriormente nombrados, pues una detección temprana siempre va  a favorecer a los más pequeños.