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Estoy haciendo referencia al retraso del lenguaje, ya que es uno de los problemas del neurodesarrollo más frecuentes, ya que 1 de cada 7 niños hablará más tarde que los otros de su edad.

La comunicación es un proceso complicado, y cuando intentamos comunicarnos y no conseguimos expresar lo que queremos o los demás no nos entienden nos frustramos o incluso enfadamos. Los niños también se enfadan cuando no consiguen hacerse entender.

El lenguaje aparece cuando interactuamos con los demás hablantes intentando comunicarnos.

Los padres, gorros adultos, tienden a dirigirse a los pequeños con un lenguaje simplificado y repetitivo, utilizando palabras como “nene, pipi, chupe”, añadiendo la entonación exagerada que se tiende a utilizar con los bebés a la que llamamos habla del cuidador.

Esta manera de hablar, ayuda al niño a reconocer como es la reorganización del lenguaje y a deducir como debe asociar los sonidos y las palabras.

Los niños aprenden mucho antes a comprender el lenguaje que a expresarse.

El adulto también asigna al niño un papel activo en la conversación incluso antes de que el niño pueda hablar. Interpreta sus gestos y acciones y verbaliza en voz alta lo que cree que el niño está pensando en ese momento. Los niños responden con gestos o sonidos a los que los adultos atribuyen su significado.

Más tarde aparecen sonidos, rudimentos de palabras, que sólo entenderán los padres; por eso, estando en conversación, los padres enseguida reconocen que quieren sus hijos pero no lo entienden de la misma forma otros adultos. A medida que desarrollan habilidades lingüísticas y mejora su vocabulario, progresará su capacidad de expresión.

La práctica del lenguaje es lo que facilita su aprendizaje. Aunque los padres entiendan lo que quiere decir, deben ayudarle para que se esfuerce a hablar para que los demás también puedan entenderlo.

El retraso simple del habla sucede en un niño sin otras dificultades en el neurodesarrollo, ha aprendido a andar sin problemas, y tampoco tiene déficit auditivo ni alteraciones de la movilidad de la boca ni en la coordinación para tragar. Ágil y hábil con las manos como cualquiera de su edad, pero sus primeras palabras aparecen tarde – hacia los dos años – o le cuesta mucho aprender palabras nuevas.

No tiene problemas para comprender pero no puede expresarse hablando. Puede emitir sonidos pero no sabe ordenarlos ni diferenciarlos dentro de una palabra.

Tiene intención comunicativa aunque a veces puede sentirse inhibido si el contexto familiar, escolar o lúdico no le acompaña; por ejemplo cuando no es comprendido por los demás por sus dificultades o se fatiga porque no lo entienden.

Se denomina retraso porque se produce más tarde, pero acabará hablando entre los 3 y lo años de edad. Es un problema que en la mayoría de los casos se resuelve por si solo y no tiene repercusiones en el posterior desarrollo.

También es frecuente que otros miembros de la familia hayan tenido dificultades similares.

La mayoría de los niños desarrollan el lenguaje a la misma edad y pasando por las mismas etapas. La maduración cerebral y el crecimiento del cerebro viene determinado genéticamente y favorecido por el ambiente en el que el niño se desarrolla, por eso, cada niño tendrá su propio ritmo.

Dicho esto, debemos actuar cuando un niño sobrepasa estas edades sin adquirir la habilidad esperada:

  •  8 meses: no balbucea.
  • 16 meses:  no dice ninguna palabra.
  • 16 meses: no señala ni gesticula.
  • 24 meses: no hay frases simples.
  • 24 meses: siempre repite lo mismo, incluso en contexto inadecuado.
  • A cualquier edad: el niño deja de hacer o decir cosas que ya sabía.

Con la presencia de estos signos de alerta puede acudir al logopeda, especialista en la comunicación y lenguaje, para que evalúe y trate al niño mediante una intervención personalizada a su dificultad en el lenguaje.

 

Cristina García Martínez, logopeda en el IVANN.