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La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad degenerativa del cerebro que se manifiesta como una demencia de curso lento pero inexorablemente progresivo.

Tratamiento del Alzheimer
Desgraciadamente hoy en día, no existe ningún tratamiento que revierta el proceso de degeneración que comporta esta enfermedad. Sin embargo, si existen técnicas psicopedagógicas y fármacos que ayudan a que la enfermedad avance de manera más lenta y también consejos y fármacos que pueden apoyar y ayudar al cuidador en la ardua tarea del cuidado de éste tipo de enfermos. Los objetivos del tratamiento son:

  • Disminuir y retrasar el progreso de la enfermedad. Nunca, desgraciadamente, curar o revertir.
  • Manejar los problemas de comportamiento, confusión, problemas del sueño y agitación
  • Modificar el ambiente del hogar
  • Apoyar a los miembros de la familia y otros cuidadores

Farmacos para retrasar o disminuir el progreso de la enfermedad:

  • Anticolineserásicos: Donepezilo (Aricept®), Rivastigmina (Prometax®, Exelon®), Galantamina (Reminyl®)
  • Memantina (Axura®, Ebixa®) Farmacos para modular la agitacion y el transtorno del sueño y del comportamiento.
  • Neurolépticos. El más utilizado, por su escaso efecto parkinsonizante es la quetiapina (Seroquel®). Se pueden utilizar otros neurolépticos aunque el bloqueo de receptores dopaminérgicos pueden favorecer la aparición de sintomas parkinsonianos.
  • Antidepresivos: Trazodona (Deprax®) que además mejora el sueño. Escitalopram, seropram, sertralina y otros.
  • Ansiolíticos: Si es posible hay que evitarlos pues empeoran la función cognitiva. A veces, sin embargo, son imprescindibles. Un fármaco muy utilizado es el clormetiazol (Distraneurine®)

No existe ninguna medida que podamos implementar en nuestras vidas que nos garantice estar libres de la enfermedad en un futuro. Las recomendaciones de los expertos se centran fundamentalmente en dos puntos clave: detección precoz de los primeros síntomas, y ejercitar la memoria y la función intelectual. Además se debe mantener una dieta equilibrada, baja en grasas y realizar actividad física regularmente. Parece ser que, la vitamina E podría ejercer un cierto efecto protector.